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¡Izad la bandera!

Los colegas de profesión de Humor Aparejador hicieron en noviembre de 2015 una entrada sobre el significado del izado de la bandera en las obras de construcción.

En la lengua de Shakespeare lo llaman “Topping out”. En la de Cervantes podría llamarse “Llegar a la cima” o más literalmente “Llegar a lo más alto”.
La práctica no es exclusiva de España. Parece que la costumbre de coronar el punto más alto de un edificio con una bandera, normalmente al terminar la ereción de la estructura, es de origen escandinavo. Desde allí se extendió hacia Gran Bretaña y la Europa continental y desde allí llegó a América.

spain_flag_perspective_anim_300_clr_2557Se trataría de un antiguo ritual religioso destinado a apaciguar a los espíritus que residían en los árboles y que habían sido desplazados al talar los árboles en la construcción de los edificios de madera.

Los constructores de fábricas de ladrillo celebran el asiento del último ladrillo o bloque.
En algunos países la última viga se pinta de blanco y se decora con banderas.
También se suele izar una bandera en el punto más alto de las grúas torre.
En algunos paises la bandera se iza cuando se finalizan los trabajos de la cubierta (que se ejecuta tan pronto se termina la estructura), según la secuencia lógica tradicional: cimentación > estructura > aguas fuera (cubierta) > bandera

El evento se suele celebrar con un brindis y con una comida de hermandad, normalmente a cargo del promotor o del contratista.
En algunos paises la bandera permanece izada hasta que la invitación se celebra, considerándose que el promotor o contratista es tacaño cuando la bandera ondea por más de unos pocos días.

¿Mantienes la tradición del izado de bandera? ¿Qué significado le atribuyes a este rito? Los comentarios son bien recibidos.

Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Topping_out

La formación de los aparejadores: El decreto Luxán de 24 de enero de 1855.

En España reinaba Isabel II y ejercía como Ministro de Fomento Francisco de Luxán y Miguel-Romero. Su primer apellido aparece citado tanto con la grafía “Luxán” como “Luján” (Colaboradores de Wikipedia, 2015) y dio nombre al decreto de creación de las enseñanzas de Aparejadores de obras.

D. Francisco de Luxán y Miguel-Romero. Fuente: Instituto Geológico y Minero de España
D. Francisco de Luxán y Miguel-Romero. Fuente: Instituto Geológico y Minero de España.

El Decreto fue expuesto y sometido a la aprobación de la Reina en Madrid a 18 de enero de 1855 y fue dado en Palacio para ser “rubricado de la Real mano” y aprobado el 24 del mismo mes. Esta última será pues la fecha de la promulgación del Real Decreto que se publicó en la Gaceta de Madrid número 758 del lunes 29 de enero de 1855.

La colección histórica Gazeta de la Agencia Estatal del Boletín Oficial del Estado designa a la disposición como Real decreto suprimiendo las enseñanzas de maestros de obras y directores de caminos vecinales, estableciendo en todas las Academias de Nobles Artes donde existían aquellas enseñanzas, otra de aparejadores de obras, y aprobando el reglamento para las escuelas de aparejadores de obras y agrimensores (Ministerio de Fomento, 1855).

La disposición consta de una exposición a Su Majestad, de un decreto de tres artículos y de un Reglamento para las Escuelas de Agrimensores y Aparejadores.

En la exposición a Su majestad el Ministro Luxán justifica la necesidad de la disposición haciendo una descripción de las profesiones existentes en la época, a saber, Arquitectos, Maestros de obras y Aparejadores, en ese orden jerárquico en lo relativo a la categoría de la profesión y sus conocimientos.

La descripción de los Aparejadores que hace Luxán en su exposición es desdeñosa, comprensible únicamente en su contexto histórico. De los Aparejadores se dice: “Mucho los Maestros de obras para simple Aparejadores; poco para verdaderos Arquitectos, ni les es dado descender al penoso mecanismo y al trabajo material de los primeros, ni elevarse a las grandes concepciones que el arte exige de los segundos” situando a los Maestros de obras que van a ser suprimidos en un término medio entre los Arquitectos y los Aparejadores.

Luxán describe el trabajo de los Aparejadores como “operaciones mecánicas de la construcción material” a las cuales no se adaptarían bien los Maestros de obras por ser ”personas por otra parte demasiado bien acomodadas ”cuya profesión estaba abocada a “rebajarla hasta el extremo de convertirse en Aparejadores”. Refiriéndose a los Maestros de obras y en alusión al trabajo de los Aparejadores afirma que “les falta por otra parte la práctica necesaria para la ejecución material, y no cuentan tampoco con los hábitos que requiere un trabajo penoso y mal avenido con sus circunstancias particulares”.

Nótese que en la transcripción anterior aparece el concepto “ejecución material” vinculado a la profesión de los Aparejadores. Podría tratarse de la primera referencia histórica en que se relaciona la profesión de los Aparejadores con la ejecución material de las obras.

Luxán concluye “la conveniencia de que los Maestros de obras sean sustituidos desde luego por hábiles Aparejadores”. Una flor, ya era hora.

El contexto social relacionado con la profesión también es descrito por Luxán. Supone el Ministro que “la mayor parte [de los Aparejadores] saldrán de las clases obreras” por lo que propone medidas que les permitan conciliar su trabajo con el estudio mediante clases nocturnas; medidas económicas como la exención del pago de los “derechos de matrícula, exámen [sic], certificaciones”; así como pedagógicas de forma “que en su enseñanza se economicen las teorías para hacerla esencialmente práctica”.

El articulado del Real Decreto dispone la supresión de las enseñanzas de Maestros de Obras y Directores de caminos vecinales en el artículo 1º.

El artículo 2º establece la creación de las enseñanzas de aparejadores. Dice así: “En todas las Academias de Nobles Artes donde existan aquellas enseñanzas [las suprimidas], se establece otra de Aparejadores de obras, subsistiendo además la de Agrimensores”.

Termina con el artículo 3º que aprueba el Reglamento para las escuelas de Aparejadores de obras y Agrimensores y fija como primer curso académico “el curso inmediato”, esto es desde el 1 de octubre de 1855 hasta el 31 de mayo de 1956. La matrícula a los nuevos alumnos se abriría del 20 al 30 de septiembre de 1855 (Ministerio de Fomento, 1855) con los únicos requisitos de tener 16 años cumplidos y saber leer, escribir y las cuatro primeras reglas de la aritmética, adición, resta, multiplicación y división.

Organización de las enseñanzas.

El artículo 2º del Reglamento de las Escuelas de Aparejadores organizaba las enseñanzas en cuatro años, cada uno de ellos con una parte oral y otra gráfica.

  1. Primer año.
    1. Parte oral. Aritmética: geometría elemental.
    2. Parte gráfica. Dibujo lineal y topográfico.
  2. Segundo año.
    1. Parte oral. Nociones sobre la teoría de las proyecciones; principios generales de construcción; conocimiento de materiales, su manipulación y empleo en las obras.
    2. Parte gráfica. Resolución de problemas sobre las intersecciones de superficies y su desarrollo.
  3. Tercer año.
    1. Parte oral. Construcciones de tierra, ladrillo, mampostería, piedra labrada, madera y hierro; estudio del hierro como auxiliar y como elemento de construcción; montea aplicada a la cantería, carpintería y obras de armar.
    2. Parte gráfica. Ejercicios sobre las trabazones de toda clase de fábricas, despezos de cantería y trazado de la carpintería de armar.
  4. Cuarto año.
    1. Parte oral. Fábricas mixtas; replanteos y obras subterráneas; andamios, cimbras, apeos y enlucidos; medición de toda clase de obras y parte legal que le corresponde.
    2. Parte gráfica. Copia de detalles de construcción; planos de plantas, fachadas y cortes.

Los artículos 6º al 19º definían una detallada guía docente de los contenidos a desarrollar.

Vida académica.

Como ya se ha dicho anteriormente las clases empezaban “al anochecer”, con la puesta del Sol.

Cada lección diaria duraba dos horas y media. La primera hora se destinaba al dibujo. La luz mortecina del crepúsculo vespertino ayudaría a las tareas de precisión que el dibujo requiere. El resto del tiempo se destinaba a la lección oral.

Los estudiantes debían respetar el “orden y debida compostura en las clases”. En caso contrario, si el alumno faltaba a ese orden y compostura era amonestado y en casos de reincidencia suspendía todo el curso. Si la falta cometida por el estudiante era “grave, a juicio de la Junta de Profesores” ésta estaba facultada para proponer la expulsión del estudiante de la escuela al Gobierno.

También se daba valor a las actividades docentes programadas. La falta de asistencia a las mismas provocaba que el estudiante perdiera el curso completo si el número excedía de 30 faltas involuntarias u 8 faltas voluntarias.

Había dos convocatorias de exámenes. La primera a mitad del curso mediante un examen oral en el que el examinador era el profesor del curso. La segunda al final del curso mediante un examen “oral y gráfico” en el que se formaba un tribunal examinador integrado por tres profesores. Uno de los miembros era necesariamente el profesor que impartía “la asignatura que es objeto del examen”, otro era el Secretario de la Junta de Profesores que actuaba en el tribunal como Secretario y el tercer miembro lo designaba el Director de la escuela. Unas bolas numeradas extraídas al azar determinaban las preguntas a las que se enfrentaban los estudiantes en los exámenes.

Mucho se ha dicho sobre la tendencia de los estudiantes a atribuirse personalmente los éxitos con afirmaciones del tipo “he aprobado el examen” y a atribuir a terceros (al profesor, principalmente) los fracasos con afirmaciones del tipo “me han suspendido…”. Cabe destacar como curiosidad que la literalidad del articulado establecía que una vez terminados los exámenes se extendieran “listas de los que hayan sido aprobados” como si hubieran sido recompensados con una gracia o favor.

En el pasado, en el presente y confío que también en el futuro el aprobado sea un reconocimiento al esfuerzo hecho por el estudiante y una garantía extendida por el profesor ante la sociedad de que el futuro profesional es competente para el ejercicio de la profesión.

Lamentablemente, ni todo ni siempre se obtienen los resultados favorables que el estudiante deseaba. Cuando se suspendía el curso… sí se aprobaba o se suspendía el curso entero, no por asignaturas estancas. Cuando se suspendía el curso, decía, el estudiante debía repetir el curso entero.

Quien superaba todos los cursos obtenía un certificado acreditativo emitido por la Academia a la que perteneciera la Escuela que permitía al interesado “titularse Aparejador, y ejercer en tal concepto su profesión”.

El Diccionario de Autoridades (Real Academia Española, 1739) recoge una acepción para la entrada título como el ”renombre, ò distintivo, con que se conoce alguna persona por sus virtudes, ò hazañas”[sic]. En otra acepción “Se llama tambien el testimónio, ò instrumento dado, para exercer algun empieo, ù dignidad”[sic].

Referencias.

Colaboradores de Wikipedia. 2015. Francisco de Luxán. [En línea] 06 de 11 de 2015. [Citado el: 08 de 03 de 2016.] https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Francisco_de_Lux%C3%A1n&oldid=86529859. Código de versión de la página: 86529859.

Instituto Geológico y Minero de España. Galería de Directores. [En línea] [Citado el: 10 de 03 de 2016.] http://www.igme.es/QuienesSomos/historia_igme/paraWEB/pages/02_FRANCISCO_DE_LUXAN_CR2.htm.

Ministerio de Fomento. 1855. Gaceta de Madrid núm. 758, de 29/01/1855, páginas 1 a 2. [En línea] 29 de 01 de 1855. [Citado el: 08 de 03 de 2016.] http://boe.es/datos/pdfs/BOE//1855/758/A00001-00002.pdf. Referencia BOE-A-1855-470.

—. 1855. Gaceta de Madrid núm. 950, de 09/08/1855, página 2. [En línea] 09 de 08 de 1855. [Citado el: 08 de 03 de 2016.] http://boe.es/datos/pdfs/BOE//1855/950/A00002-00002.pdf. Referencia BOE-A-1855-5352.

Real Academia Española. 1739. Dicionario de Autoridades. [En línea] 1739. [Citado el: 10 de 03 de 2016.] http://web.frl.es/DA.html.